Viernes 4 de Septiembre de 2026

El 13 de diciembre

Gaiman va a elecciones: situación inédita y carrera a contrarreloj

El próximo 13 de diciembre los gaimenses van a elegir a quien culmine el mandato 2023-2027 ante el fallecimiento de Daío James.

30 de Agosto de 2026

Gaiman se prepara para un escenario tan histórico como inusual, ya que el próximo 13 de diciembre sus vecinos deberán ir a las urnas para elegir al intendente que concluirá el mandato del fallecido Darío James.

Es que la Carta Orgánica aprobada bajo la propia gestión del radical dispone en su artículo 172 que, en caso de acefalía del municipio por renuncia o fallecimiento del intendente a más de un año de la finalización del mandato, se debe convocar a comicios para elegir al sucesor. De este modo, la localidad valletana votará el próximo Día del Petróleo para completar un mandato de transición que va a durar un suspiro y, apenas unos meses después —probablemente a mediados de 2027—, deberá volver al cuarto oscuro para definir el período regular 2027-2031.

El resultado es un desfile institucional que podría dejar al municipio con cuatro firmas distintas en el sillón municipal en un lapso de apenas dieciséis meses, exponiendo las costuras de un sistema electoral que pocos parecen digerir con entusiasmo.

Ante este panorama, los sectores políticos tradicionales han reaccionado con una mezcla de pánico escénico y pura especulación de cara al inminente proceso electoral.

En la vereda del radicalismo, si bien todos esperarían que reine la paz y la tranquilidad, el partido centenario no navega en aguas tranquilas y prefiere ocultar sus fisuras bajo el pretexto de la estricta legalidad institucional. Doris Thomas, la secretaria de Gobierno que asomaba como la heredera natural con la bendición del fallecido James, atraviesa semanas de marcado declive político y anda de "capa caída" en los pasillos municipales, perdiendo la fuerza que traía originalmente.

Su retroceso abrió el juego a la rosca interna, ya que el intendente interino Raúl Ferrero insiste públicamente en que no quiere postularse y que su única tarea es ordenar la transición. Sin embargo, en la práctica se mueve como pez en el agua al mando del Ejecutivo. Su reciente asunción al frente del Consorcio GIRSU delata su gusto por el ejercicio del poder real y ya le valió el apoyo de la cúpula del radicalismo, que prefiere su perfil ejecutivo por sobre el de Thomas. Para colmo, en el comité local todavía recuerdan la interna de 2023, cuando una figura alternativa se animó a desafiar el aparato de James y estuvo muy cerca de arrebatarle la postulación, demostrando que la hegemonía de la UCR es más frágil de lo que aparenta.

En el sector opositor también reina la especulación y, como candidato ajeno a la gestión municipal, podría ser de la partida un abogado de perfil mediático que, tras cosechar un desempeño aceptable en la última contienda electoral, evalúa volver a subirse al ring.

En el panperonismo, en tanto, la resistencia a las urnas es casi absoluta: la gran mayoría de la dirigencia del PJ se pronunció abiertamente en contra de las elecciones, con intenciones de suspenderlas en el Concejo Deliberante y con reuniones sectoriales en las que es casi unánime la coincidencia en intentar evitarlas y, llegado el caso, no presentar candidato.

El argumento público de la concejal Adriana Villoria apela a la "racionalidad económica" frente al desgaste de un intendente de transición que deberá gobernar un año con presupuesto y concejales ajenos, una línea en la que también insistió el apoderado del PJ, Blas Meza Evans.

Sin embargo, detrás de la preocupación por las arcas públicas se esconde el temor a reabrir heridas no del todo cicatrizadas. El sector liderado por el exintendente y diputado provincial mandato cumplido Mariano García Araníbar —cuya gestión transcurrió con más penas que gloria— es el que más presiona para estirar el interinato. Para este espacio, la idea de someterse a la voluntad popular reabre heridas de 2019, cuando su candidato Sergio Ramón quedó relegado incluso detrás del voto en blanco, mientras el radicalismo barría con el 55 por ciento de los sufragios.

Ante ese trauma no del todo superado, la idea de "quemar" prematuramente a alguna de sus figuras en una elección y, eventualmente, en una transición tan corta se siente más como un sacrificio inútil que como una verdadera estrategia de poder. Esa misma lógica del repliegue arrastró al Movimiento Vecinal Gaiman, que de la mano de Lucía Besada acompañó en el Concejo Deliberante el frustrado proyecto peronista para suspender las elecciones.

El intento de suspender excepcionalmente los comicios naufragó esta semana en el cuerpo legislativo con un contundente 6 a 3. Fracasada la vía legislativa, el vecinalismo optó por un retiro decoroso, vistiendo su abstención con argumentos sobre la "paz y la idiosincrasia del pueblo" para justificar su decisión de no presentar candidatos en diciembre, un portazo que en la práctica les evita el costo de una derrota en el cuarto oscuro.

En medio de este coro de lamentos, especulaciones de pasillo y estrategias de supervivencia de las estructuras tradicionales, la expectativa de los vecinos corre por un carril diferente, con un candidato instalado que va cosechando el apoyo de distintos sectores de la comunidad, que están esperando su oficialización como aspirante para brindarle su apoyo de manera abierta. La candidatura de este postulante ya representa un verdadero secreto a voces en un pueblo que aguarda los próximos movimientos de cara a la contienda electoral.

Mientras el peronismo busca excusas para evitar medir sus fuerzas y la UCR dirime sus liderazgos bajo la tensión de su interna provincial, Gaiman avanza hacia el 13 de diciembre convertido en un inusual laboratorio político donde el único consenso real es que la verdadera batalla comenzará en 2027.

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